domingo, 16 de noviembre de 2008

LA PISCINA

Por lo general, en un clima despejado las mujeres buscan sacar toda la sensualidad de sus cuerpos, es por eso que unos días antes del viaje alistamos todas las blusas del closet que no usamos usualmente por sus escotes que cubren mucho el cuerpo. Bloqueador para que nuestro rostro no se vea como un tomate arrugado, morada como la de un gringo. Bronceador para cubrir de color oscuro nuestra figura, ocultando esas largas tiras moradas de mal gusto que sobresalen en la piel blanca.
Después de un acogedor viaje, abrazados unos con otros, en un bus que brinca de felicidad y que saca parte de nuestro cuerpo para sentirnos en un lugar más fraternal. Llegamos a nuestro destino alegres de tomar un tiempo de nuestra vida para desempacar una pesada maleta llena de blusas, chores, tangas y sandalias que nos protegerán de cualquier resfriado. Te miras en el espejo y notas que tu nariz esta mojada y de tu frente salen gotas de agua, que te hacen sentir fresco e indican que no hay necesidad de un baño.
Luego de un agradable y corto discurso de la abuela con todos los cuidados que debes tener. Te diriges a la piscina mostrando tus delgadas piernas, tu gruesa espalda y tu cintura marcado por un pequeño gordito que se balancea a medida que das cada paso. Te detienes a mirar el paisaje que te rodea, y una chica de busto voluptuoso y rostro angelical para comparar tus bellos atributos. Sin fijarte, tu educado primo te empuja a la piscina creando un espectacular globo de agua caliente admirada por todas las personas del lugar. Sientes como cautelosamente tu hermana se acerca para estrechar sus brazos fuertemente, tomando tus manos y desatándote el nudo de un lado de tu bikini sin que lo sospeches. Sales rápidamente de la piscina y te das cuenta que todos los de allí ríen, pues la parte de tu bikini esta desatado deja ver tu parte mas intima y imaginada por los hombres del lugar. Te tapas rápidamente con los ojos aguados y tu cara roja de tanto sonreír. Lograste ser el centro de atracción.
En la distancia se escucha la voz fuerte de tu padre invitándote cordialmente que compres unos chicles y empanadas, después del espectáculo, se quedaron sin aliento; caminas apresurada pero sutilmente, mirando al frente, y sientes que tus pies se deslizan y las empanadas giran sobre el piso seco y cómodo. Te has caído con la única intención que alguien te recogiera; una sombra musculosa se acerca y al levantar tu mirada ves a tu padre con un gesto enojado.
Al final del tu día especial compartes horas en la cena con tu familia que llora de tus locuras y aventuras, recordando una por una, tu padre te avisa que es hora de soñar, abrazas a tu hermana con afecto y te dispones a dormir mientras los sancudos velan tus sueños, al siguiente día ya no eres una linda niña, sino una cuerpo hinchado y rojo de picaduras.

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